“Un sacerdote santo transforma el mundo en el que vive”

El Obispo ha presidido la Misa Crismal en la Santa Iglesia Catedral en la que lo sacerdotes han renovado sus promesas sacerdotales

 

Monseñor Demetrio Fernández ha presidido la solemne Misa Crismal en la Santa Iglesia Catedral la mañana de este Martes Santo, 26 de marzo, en la que los sacerdotes diocesanos han renovado sus promesas sacerdotales. El Obispo durante la celebración ha consagrado el santo crisma y ha bendecido los santos óleos que serán administrados durante el año en los principales sacramentos: Bautismo, Confirmación y Unción de Enfermos.

Ha comenzado su homilía destacando que hoy se cumple la escritura tomada del profeta Isaías: el Mesías, el Ungido, lo será porque viene sobre Él el Espíritu Santo, “la persona amor que envuelve a Jesucristo y a su humanidad en el amor del Padre y del Hijo”. La unción llegó Jesucristo a plenitud en el bautismo del Jordán. La unción va unida a la misión, es el fundamento de la misión, que es “anunciar la buena nueva a los pobres” ha asegurado el prelado. Por el bautismo hemos sido rescatados e incorporados a la Iglesia y hemos sido ungidos. Hoy celebramos el “protagonismo del Espíritu Santo”, que es el alma de la Iglesia, que viene continuamente sobre Jesucristo y de su costado sale abundante este espíritu a toda la iglesia, ha continuado.

La unción que Jesucristo ha recibido y que ha derramado en la Iglesia le ha convertido en ofrenda y ha ofrecido su cuerpo en la cruz, al mismo tiempo se ha convertido en fuente de esa unción para todo su pueblo santo, ha resaltado el pastor de la Diócesis. Aquí está la diferencia entre el sacerdocio común, que todos recibimos por el bautismo, y el sacerdocio ministerial que algunos reciben por el sacramento del orden, ha explicado.

Monseñor Demetrio Fernández ha aclarado que el santo crisma es el “vehículo del espíritu santo” que después se empleará en los sacramentos y en esta Misa Crismal celebramos la unción de toda la Iglesia y el don del corazón de Cristo a su Iglesia en el sacerdocio ministerial. Los presbíteros han renovado sus promesas sacerdotales y el Obispo les ha recordado que “no hemos sido llamados simplemente para ejercer una función, hemos sido llamados para ser ungidos y por tanto nuestra vocación principal es la configuración con Jesucristo”. Renovar las promesas sacerdotales es decirle a Jesucristo “gracias Jesús por haberme llamado a esta vocación, haberme ungido con tu espíritu santo”. Somos configurados con Jesucristo para vivir como Él y ser presencia viva de Cristo ante el mundo.

Es día de “humildad”, ha enfatizado, porque Él nos abraza y renueva su confianza en cada uno de nosotros. Año tras año uno debe darse cuenta de que la tarea es inmensa, pero que más grande es la confianza y la gracia que ha sido derramada en nuestros corazones. La Misa Crismal debe ser un momento de “renovación profunda”, hay que revisar nuestra vida cada año, ha aconsejado el Obispo. “Estoy convencido de que donde hay un sacerdote bueno, más todavía si es santo, cambia el ambiente donde está. Un sacerdote santo transforma el mundo en el que vive”, ha manifestado.

El prelado ha dado gracias a Dios porque en la diócesis de Córdoba brotan las vocaciones sacerdotales y religiosas y ha resaltado que es importante, independientemente del número de sacerdotes al servicio de la Diócesis, “ser sacerdotes santos, porque sin sacerdotes no hay Iglesia”.

Para monseñor Demetrio Fernández ordenar sacerdotes es lo mejor que le puede pasar en su vida de Obispo. Pero que en la Diócesis haya vocaciones es fruto de la tarea llevada a cabo por los sacerdotes, no obstante, “no podemos dar por cumplida nuestra obligación”. Hay que vencer los miedos y ayudar a los adolescentes a discernir su vocación, ha pedido.

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