Hace diez años, san Juan de Ávila doctor de la Iglesia

Es una fecha reciente que hemos vivido todos. Culminaba así todo un proceso largo, de siglos, por el que san Juan de Ávila es glorificado y reconocido en su calidad de Maestro de Santos, como reza en su tumba

Nacido en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) en 1500, muere en Montilla (Córdoba) en 1569 con grandes frutos de santidad y apostolado. Su condición de sacerdote diocesano, por un lado, y alguna dificultad hasta que se aclaró definitivamente la ortodoxia de sus escritos, retrasaron su beatificación hasta 1894. Agradecimiento a sus paisanos de Almodóvar que no renunciaron nunca a glorificar a su paisano hasta que lo consiguieron con la colaboración de los Trinitarios.

A partir de su beatificación, el gran influjo que había tenido en vida y después de su muerte en la Escuela sacerdotal francesa, volvió a rebrotar con fuerza, influyendo durante todo el siglo XX en los seminarios de España, que le ha dedicado estudios, congresos, publicaciones, edición de sus textos. En 1946 fue declarado patrono del clero secular español en el florecimiento del sacerdote diocesano de la postguerra. Los obispos españoles se tomaron en serio la causa de san Juan de Ávila, habían vivido desde su infancia esta gran devoción en los seminarios. Primero, para llegar hasta la canonización equipolente en 1970 por Pablo VI y a continuación para pedir y conseguir el doctorado, que le fue otorgado por Benedicto XVI en 2012, hace ahora 10 años. “Pionero en afirmar la llamada universal a la santidad, es un eslabón imprescindible en el proceso histórico de sistematización de la doctrina sobre el sacerdocio… se le puede considerar como el promotor del movimiento místico entre los presbíteros seculares”, afirma Benedicto XVI.

Cuanto más se le conoce, más se le valora. La pequeña dificultad de leer sus escritos en un castellano del siglo XVI se supera enseguida cuando uno se familiariza y se encariña con su persona. Ciertamente, constituye un autor espiritual y de la lengua castellana de primera categoría.

En estos diez años de doctorado, si echamos una mirada retrospectiva, vemos que ha sido ingente el trabajo realizado en torno a san Juan de Ávila y ha crecido exponencialmente la devoción, el conocimiento de sus escritos, la fama de santidad y el recurso a su intercesión. La Conferencia Episcopal Española con distintas iniciativas, incluso acudiendo en Plenaria hasta su sepulcro en Montilla, el clero español especialmente recibiendo devotamente el relicario de su corazón en bastantes diócesis de España, los miles de peregrinos –sacerdotes, familias, religiosos, obispos- que acuden a Montilla para venerar su sepulcro. Dos veces año jubilar, tres congresos en Córdoba y uno en Baeza, la celebración de su fiesta cada año presididos por un cardenal español o de la Curia vaticana, cursos de formación permanente, traducción de sus obras a otras lenguas, cátedras y aulas para profundizar en su estudio, tesis realizadas y otras en curso. El doctorado ha supuesto un impulso enorme para reconocer su figura y aumentar la devoción. La ciudad de Montilla le ha concedido el título de hijo adoptivo y le ha incorporado a su mundo cofrade. El Papa Francisco lo ha incluido en el calendario romano universal.

Qué podemos hacer en el futuro. El trabajo realizado no ha hecho más que empezar. La diócesis de Córdoba es la diócesis de san Juan de Ávila. Aquí está su sepulcro, meta de tantos peregrinos y a Córdoba perteneció como presbítero diocesano, miembro de su presbiterio para siempre. Córdoba, por tanto, tiene una deuda perpetua con san Juan de Ávila, que forma parte del rico patrimonio de santidad de esta diócesis. Se trata de potenciar lo que se viene haciendo y llevar a san Juan de Ávila hasta los confines de la tierra. Iniciativas no faltan, ganas de trabajar, tampoco. El 7 de octubre, el cardenal Rouco preside la Eucaristía desde la Basílica de Montilla, retransmitida por TRECE para toda España. Acudimos de nuevo a su intercesión para pedirle especialmente la santidad de los sacerdotes, porque, según el mismo san Juan de Ávila, la deseada renovación de la Iglesia depende sobre todo de la santidad de los sacerdotes y del fervor de los seminarios.

Recibid mi afecto y mi bendición

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

COMPARTIR EN REDES SOCIALES